Los aceites de oliva aromáticos de Agrisanz triunfan en Asturias

Los aceites de oliva aromáticos de Agrisanz triunfan en Asturias

La gama de sabores obtiene el galardón al mejor artículo de la XIII Feria Agroalimentaria de Productos Ecológicos de Llanera.

La empresa Agrisanz de Camp de Mirra suma un nuevo premio para su gama de aceite ecológicos «Aromatics». La firma de Vicente Sanz logró el galardón al mejor producto en la XIII Feria Agroalimentaria de Productos Ecológicos de Llanera (Asturias),

 

Los de sabor a naranja, tomate, pebrella o de ajo y guindilla son los más demandados por el público en general, pero Sanz asegura que «algunos son las estrellas, pero depende de la zona de España donde vayamos varían los gustos».

El productor de Camp de Mirra, Vicente Sanz, y su mujer, Amparo, decidieron lanzar al mercado una pequeña producción, unos 6.000 litros de aceite ecológico virgen con distintos sabores. El empresario explica que «son muchos los aceites aromatizados del mercado pero pocos, por no decir ninguno, que sea ecológico». Y esta era una forma de diferenciarse de los múltiples agricultores que ofrecen un aceite virgen extra con el sello ecológico. Sanz puntualiza que «en cualquier rincón de España encuentras un aceite de calidad».

De pebrella, de ajo y guindilla, tomate, naranja, limón, vainilla y canela son algunos de los sabores que el de Camp de Mirra ha introducido en el aceite que recolecta de sus campos y envasa en la industria familiar. En total son siete variedades de un zumo de aceituna de primera calidad con un sabor único y diferente.

La certificación de «ecológico» es la marca de la casa. Cuenta con el certificado del Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad Valenciana y posee el sello de calidad «Alicante sabor y mucho más». El productor alicantino destaca que «todas las actuaciones relacionadas con los productos ecológicos implican poner en valor la riqueza natural de nuestra tierra».

El secreto para obtener una producción con esta certificación es fácil y Sanz lo desvela. El agricultor asegura que «lo único que hago es trabajar como lo hacían mis abuelos y mis padres», de quienes heredó parte de las tierras. No utiliza fertilizantes químicos sino los abonos que produce el ganado. Tampoco emplea fitosanitarios. Todo es natural.

Lo complejo llega cuando al aceite se le quiere dar sabor. El producto con el que se macera también debe cumplir los requisitos para ser ecológico. «Uno de los más complicados de conseguir –relata Sanz- ha sido el de vainilla» y de hecho, la que aplica proviene de Madagascar.

Las empresas aceiteras están cambiando su filosofía para pasar de la cantidad a la calidad. Ahora han irrumpido en el mercado pequeñas empresas artesanales que miman todo el proceso, desde la recolección del fruto en su estado óptimo de maduración hasta el prensado y almacenaje en las almazaras. Y un buen ejemplo de ello es Agrisanz.

De hecho esta empresa nacida en plena crisis económica ha logrado no sólo vender en gran parte del mercado nacional sino que también ha iniciado su proceso de exportación en países europeos como Alemania o Gran Bretaña. Ahora se enfrentan a un gran reto, Italia. Sanz afirma que «nos está costando un poco introducirnos en Italia, pero finalmente lo estamos consiguiendo».